

Me reprochan que soy poco concreto en este blog. Debo descender a lo cotidiano, a lo anecdótico, y eso a mí, se me da fatal. Ayer viaje relámpago a la capital andaluza, poco más de doce horas intensas, intensísimas en la ciudad del Guadalquivir. Siempre tan cosmopolita, siempre tan provinciana, todo junto. La verdad es que contar lo anecdótico me aburre, la formación y la información no sé muy bien si son compatibles, pues lo anecdótico pertenece al reino de lo efímero, lo que importa hoy, mañana servirá para envolver un bocata (ya ni para eso, desde que se inventaron el papel aluminio y el celofán), y precisamente a eso es a lo que mis congéneres le dedican la mayor parte del tiempo. Así nos va.
La verdad es que corren malos tiempos para la lírica, ahora sí que se ajusta a la realidad esa letra, en 1984 eran muy buenos tiempos para la lírica, a pesar de esta bella canción postmoderna (¿os acordáis?). Los antropólogos hablan del fin de los "grandes relatos", o más sencillamente del fin de las ideologías. Quizá el exceso de información sinsentido las ahoga. A mí me interesa lo que pasa, pero de forma más conceptual, en la medida en que nos permite extrapolar y sacar conclusiones para analizar la realidad, la mera acumulación de datos azarosos e "históricos" ya no sirve de nada, y observo como mis hijos rechazan los informativos televisivos, porque les da miedo y repugnancia la realidad que reflejan.
Yo por mi parte coincido con ellos, la realidad es descorazonadora y deprimente, he de hacer un ejercicio de fuerza de voluntad para sumerger la cabeza en la cloaca mediática, y lo hago, no creáis, prefiero la radio, el formato carece del morbo de la imagen, y ese tipo concreto de morbo, a diferencia de otros no me gusta nada.
Al final ya ves, imposible descender a lo cotidiano...qué le vamos a hacer!